Hace un año que el presidente López Obrador inició su administración, y es buen momento para hacer un recuento de algunos resultados de sus decisiones.

 

Desde la perspectiva de la doctrina social de la iglesia hay algunos criterios de acción que todo gobierno debería seguir: atender a los más vulnerables, promover la paz y seguridad de los ciudadanos, y promover el empleo y el desarrollo económico, entre otros.

 

En los tres ámbitos los resultados son negativos: se ha retirado apoyo a las estancias infantiles, se desapareció la atención médica vía el seguro popular, se ha generalizado la falta de abasto y atención médica en las instituciones públicas, se ha reducido la inversión en agua y drenaje que afecta directamente a quienes no tienen estos servicios, se ha reducido apoyo a campesinos.

 

En el tema de paz y seguridad este año es el de mayores muertes en la historia del país, y han aumentado índices de delincuencia, se han dado nuestras de tolerancia e impunidad a vandalismo y violencia en manifestaciones, el incidente de liberación de un notorio narcotraficante y la matanza de mujeres y niños en Sonora, muestran el aumento en la impunidad y violencia en el país, que afectan la paz y la seguridad de la población.

 

Por otra parte, la actitud del presidente de dividir cada mañana a los mexicanos entre quienes le son incondicionales y todos los que no coinciden con su versión de las cosas, genera polarización que afecta la paz y la colaboración entre mexicanos necesaria para construir procesos de bien común.

 

En el ámbito económico, oficialmente esta semana la economía del país entró en recesión, lo que significa una reducción en la generación de empleo que afecta primero a los más pobres, y por otro lado cancela las posibilidades de desarrollo económico, lo que agravará las condiciones de los más vulnerables.

 

Algunas decisiones presidenciales que han generado estos resultados son: la desaparición de programas de gobierno que atendían necesidades de las personas más vulnerables; el recorte presupuestal a obras de infraestructura básica en zonas marginadas; la falta de estrategia eficaz de combate al crimen organizado y permitir la violencia contra los ciudadanos y las fuerzas del orden; acoso legal para empresarios; cancelación de obras de infraestructura, contratos y proyectos que generan incertidumbre legal que aleja la inversión privada.

 

La recesión económica además de que limita las posibilidades de empleo y crecimiento económico que afecta a los más vulnerables, se convierte en caldo de cultivo para la violencia y el crimen.

 

Entregar dinero directamente a algunos sectores de la población bajo la premisa de primero los pobres, redujo la inversión productiva y aumentó la pobreza. La estrategia de abrazos y no balazos para promover la paz, resultó en mayor impunidad, crimen y violencia. En síntesis, los «otros datos» no coinciden con la realidad.

 

En lo que sí ha tenido resultados positivos el presidente, es que mantiene hasta ahorita un alto nivel de aceptación, como escribió un tuitero: «verbo mata carita» es decir, este primer año de gobierno las palabras (independientemente de su veracidad) han resultado más importantes para la mayoría de la gente que los resultados.

 

Dado que la realidad termina por imponerse, trabajemos para que, con la participación organizada de muchas personas, algunas malas decisiones se modifiquen para que en nuestro país realmente los más vulnerables sean atendidos primero, y que todos gocemos de paz, seguridad, salud y empleo.