Otra de las grandes citas que ha dejado esta gran cita anual de la Asamblea General de la ONU en Nueva York ha sido la firma trilateral entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia en la que han acordado un aumento de la presencia militar estadounidense en la región ártica. Un pacto que pondría fin a las tensiones provocadas por la soberanía de este gran territorio.
A la firma han asistido el presidente estadounidense Donald Trump, el primer ministro de Groenlandia Jens-Frederik Nielsen y la primera ministra danesa Mette Frederiksen.
Antes de que la reunión tuviese lugar, el presidente ha hecho mención al acuerdo en su discurso en la Asamblea General, y ha asegurado que tras la firma obtendrá “control permanente sobre el territorio en materia de seguridad” y “ningún adversario estadounidense podrá tener presencia militar en la isla o hacer inversiones delicadas sin nuestra aprobación”. Además, afirma que “expandir la huella de Estados Unidos en el Ártico protege también a Europa y beneficia a la OTAN”.
Groenlandia es una antigua colonia y actualmente un territorio semiautónomo del Reino de Dinamarca de tan solo 57.000 habitantes. Se encuentra entre el Ártico y América del Norte y sus importantes recursos energéticos la han convertido en un objetivo codiciado por la administración Trump. Hasta ahora, EE.UU. contaba con una base espacial en Pittuffik, pero tras este acuerdo, podrán abrir dos nuevos emplazamientos en Narsarsuaq y Mestersvig. Un aumento que supondría la primera gran ampliación militar estadounidense en la isla desde la Guerra Fría, cuando contaban con más de 10.000 efectivos.
Muchas han sido las alusiones que ha hecho el mandatario republicano a sus ambiciones para poseer la isla más grande del mundo. Su negativa a descartar el uso de la fuerza militar ha obligado al Gobierno de Dinamarca a entablar negociaciones.

Trump anuncia un acuerdo con Dinamarca y Groenlandia sobre la seguridad del territorio ártico
Del “defenderemos cada centímetro” al “la situación de Ártico ha cambiado”
Si bien este acuerdo supone un cambio respecto a las anteriores aspiraciones de Trump, que pretendía adquirir Groenlandia directamente, el discurso de Frederiksen respecto a la soberanía de la isla también modificado considerablemente.
“Groenlandia, por supuesto, no está en venta”, afirmaba la primera ministra danesa en la cumbre de la OTAN en Ankara el pasado mes de julio, cuando era preguntada por las pretensiones del mandatario estadounidense de controlar la isla. “Estamos preparados para defender cada centímetro del territorio de la OTAN, incluido nuestro propio territorio”.
Dos meses después, la política danesa ha cambiado radicalmente su perspectiva y ha defendido este acuerdo a tres bandas y sus beneficios: “La razón por la que podemos concluir este acuerdo, que es beneficioso desde las perspectivas groenlandesa, estadounidense y europea, así como en nombre del Reino de Dinamarca, es que se trata de una cuestión de política de seguridad”, ha declarado en Nueva York. Días antes, el ministro de Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, justificada estas concesiones a la Casa Blanca alegando que “la situación en el Ártico había cambiado”.
¿Por qué EE.UU. quiere Groenlandia?
En reiteradas ocasiones, la administración Trump ha dejado claro que adquirir Groenlandia es una “cuestión de seguridad nacional para su país” y para “disuadir a sus adversarios de la región ártica”. Hace meses, el líder de la Casa Blanca aseguraba que actualmente la isla está “llena de barcos rusos y chinos”. Pero los flirteos de EE.UU. con esta isla danesa viene desde hace siglos. Lo intentaron en 1867, tras la adquisición de Alaska. En 1946 ofrecieron 100 millones de dólares, una propuesta que el Gobierno danés rechazó, aunque permitieron la presencia de bases.
Una de las características más importantes del territorio, y de mayor atractivo para Washington, es que posee el 30% de las reservas mundiales de gas natural aún por explorar. Aunque históricamente estos recursos han sido inaccesibles, el deshielo provocado por el cambio climático ha cambiado esta situación.

¿Por qué Trump quiere Groenlandia?
Cabe destacar también la situación estratégica en la que se encuentra Groenlandia, en disputa entre Estados Unidos, Rusia y China. Es por ello que mantener seguridad y estabilidad en la región es un factor de máxima prioridad para las organizaciones internacionales. El deshielo no solo ha aumentado la accesibilidad de los recursos, también ha modificado las rutas comerciales. Según la Organización Mundial del Comercio, se prevé que para 2035 se haya multiplicado por más de siete el volumen de mercancías que cruzan el Ártico por la Ruta Marítima del Norte, más cercana a Rusia, en detrimento del lado estadounidense.
Desde la llegada al poder de Trump, se han producido “viajes de seducción” a la isla. En marzo de 2025, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, viajó a esta deseada región para visitar la base de Pittufik. Hace unas semanas la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aterrizó en el territorio ártico para firmar “profundizar la asociación” con la UE.

