En los últimos años, las grandes ciudades han ido cambiando la forma de moverse por sus calles. Ahora, coches y motos comparten la calzada con bicicletas, patinetes y otros vehículos de movilidad personal. Y a todo ello se suma que muchas vías han perdido espacio para el tráfico privado por la creación de más carriles reservados, zonas peatonales y medidas para favorecer el transporte público.
En Barcelona, concretamente, uno de los cambios más visibles de los últimos años ha sido precisamente el aumento de los carriles reservados para los autobuses. Esto ha obligado también a adaptar algunas maniobras habituales de los conductores, sobre todo cuando necesitan girar a la derecha y, para hacerlo, tienen que atravesar el carril destinado para autobuses y taxis.
Precisamente para evitar esta situación, desde el pasado 18 de septiembre funciona una prueba piloto en el carrer Balmesque cambia la forma de realizar ese giro. Los conductores ya no pueden incorporarse antes al carril bus para preparar la maniobra y deberán girar directamente desde el segundo carril de circulación, dejando libre el espacio reservado.
El nuevo sistema se ha estrenado en cuatro cruces de Balmes, concretamente en las intersecciones con Còrsega, Provença, Mallorca y Diputació. En estos puntos se han pintado las conocidas como ‘alfombras rojas’ y también se han instalado elementos que separan físicamente el carril bus antes de llegar al paso de peatones y al cruce.
De esta forma, el conductor deberá girar desde el carril situado inmediatamente a la izquierda del bus y cederle el paso cuando continúe recto. La señalización se completa con un semáforo con una flecha ámbar intermitente que recuerda la prioridad del transporte público en ese punto.
El objetivo del Ajuntament de Barcelona y TMB es reducir las interferencias que ralentizan a los autobuses en Balmes. Por este tramo circulan las líneas V15, 7, 63 y 67 y, según TMB, en algunos puntos su velocidad comercial no supera los ocho kilómetros por hora, frente a los 11,4 kilómetros por hora de media en la ciudad.
Por ahora, el cambio forma parte de una prueba piloto que se mantendrá durante al menos un semestre. Durante ese tiempo se analizará si mejora la velocidad y la regularidad de los autobuses. Si los resultados son positivos, el consistorio barcelonés estudiará la posibilidad de llevar este mismo sistema a otros puntos de la capital catalana donde se produzcan problemas similares.

