“Suena a tópico, pero es cierto que vivimos en un momento muy complicado”, afirma Edith Rodríguez Cabrera, a la que le ha tocado asumir la Presidencia de Reporteros Sin Fronteras (RSF) España en, como explica ella, tiempos convulsos. Se convierte así en la máxima representante en nuestro país de una organización que lucha por defender la libertad de prensa en el mundo, un derecho que, asegura, debe estar garantizado para todo ser humano.
Edith se incorporó a RSF como corresponsal en España hace ya diez años, aunque durante su carrera profesional ha pasado por Canal Plus, Antena 3 o RNE. También ha trabajado en medios franceses como L’Expansion, L’Entreprise, o Europe 1, además de crear su propia empresa de comunicación. Ella explica que sus dos pasiones son el periodismo y la defensa de los derechos humanos, y RSF le permite aunar ambas.
Desde hace 25 años, Edith y su organización publican anualmente la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. Este indicador anual, que califica a 180 países, mostró en 2025 que la libertad de prensa había alcanzado su peor registro en el último cuarto de siglo, ya que nunca antes la puntuación media de los países analizados había sido tan baja. Más de la mitad de los estados evaluados registraban una situación “difícil” o “muy grave”. Destacaba la caída de Estados Unidos, retrocediendo seis puestos hasta el 64. Por su parte, España, en el número 35, se encontraba en una posición “aceptable”, pero con signos de deterioro.
Aprovechando su nombramiento, RTVE Noticias ha podido charlar con esta representante de RSF sobre los nuevos retos del periodismo en tiempos de guerra y censura.

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PREGUNTA: Enhorabuena por el nuevo cargo. ¿Cómo afronta ese reto?
RESPUESTA: Borges decía que todos pensamos que hemos nacido en la peor época. Pero es que es un momento verdaderamente complicado para el periodismo. Cada 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, publicamos el Índice anual de libertad de prensa. En la última clasificación, por primera vez, más de la mitad de los países del mundo tenían una situación “difícil” o “muy grave”. Tampoco había pasado nunca que los países mejor clasificados, que tienden a ser los nórdicos y de Europa occidental, fueran tan pequeños en el mapa.
Tan solo el 5% de la población mundial vive en países con una “buena” o “muy buena” calidad de libertad de prensa. Europa occidental es un reducto ahora mismo, un islote. Pero es un islote amenazado, porque cada vez hay más corrientes de ultraderecha que cercenan libertades. El deterioro general es común en todos.

Edith Rodríguez Cachera durante un homenaje a las víctimas de Gaza organizado por Reporteros Sin Fronteras. Ricardo Rubio / Europa Press
P: ¿A qué amenazas crees que se enfrenta ahora mismo el periodismo?
R: Hay que tener en cuenta, entre otras cosas, la seguridad física de los periodistas: cuántas agresiones hay, cuánto pegan a la prensa, a cuántos periodistas matan o secuestran, como en América Latina, o a cuántos encarcelan, como en Rusia. Por no hablar de Israel, el mayor asesino de periodistas del mundo. Basta con ver cualquier manifestación, como en Ceuta, para entender que el periodismo de manifestación, incluso en democracia, se ha convertido en un ejercicio de riesgo.
Pero hay muchos más indicadores que permiten analizar cómo está la salud de la libertad de prensa de un país. Nosotros utilizamos cuatro: el digital, el legal, el político y el económico. Respecto a la violencia digital, los periodistas pueden ser espiados. Hay países especialmente hábiles que compran softwares de espionaje, como Marruecos o Bukele en El Salvador. Si miramos el factor político, también está gravemente deteriorado en todo el planeta. Un ejemplo son las presiones que ejerce Donald Trump en un país que antes era un modelo de la libertad de prensa. Hay una deriva autoritaria política que lastra mucho al periodismo. Otro indicador es el social y legal, donde ocurre lo mismo. El mundo se está llenando de leyes liberticidas contra la prensa y de acciones de lawfare.
“Un periodista precario se autocensura mucho más y, por tanto, es menos libre“
Por último, y muy importante, el factor económico. Corren malos tiempos para unos periodistas, por lo menos en España, cada vez más precarizados. Y un periodista precario se autocensura mucho más y, por tanto, tiene menos libertad para ejercer.
P: ¿Cuál crees que debe ser la posición de los profesionales de la información ante las presiones gubernamentales?
R: Plantar cara siempre. Pero para poder plantar cara y mantenerte firme como periodista necesitas protección de tu medio. Si no tiene un medio fuerte, es difícil hacerlo. El sector está muy erosionado por un cambio de modelo. En muchos países de América Latina, en contextos de crimen y corrupción, hacer frente al poder es muy complicado.
Pero también necesitas la protección del Estado, que respete la libertad de prensa, cosa que pasa cada vez menos. En España estamos viendo cómo agitadores como Vito Quiles, que acaba de ser expulsado por fin del Congreso de los Diputados, pueden tirarse meses denigrando la profesión sin que haya armas eficaces para protegernos de ellos.
Pensar en la libertad de prensa no solo implica pensar en la libertad del periodista para informar, sino en el derecho de la ciudadanía a recibir información libre, plural y veraz. Si no se protege, estás vulnerando una libertad fundamental del pueblo. Por eso es necesaria la existencia de organizaciones como Reporteros Sin Fronteras. Todo esto da sentido a nuestro trabajo para fomentar esa protección.

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Hemos visto cómo el presidente de Estados Unidos, vulnerando claramente la Primera Enmienda, vetaba a tres medios clave y cómo hasta sus medios más afines le daban la espalda. Esto demuestra que, cuando nos unimos, las cosas funcionan.
P:¿Crees que ejemplos como el de Donald Trump censurando medios hacen ver que estamos perdiendo autoridad?
R: Nuestra función es la de contrapoder. Y lo seguimos teniendo. Si no, no nos estarían persiguiendo constantemente de esa forma ni nos tendrían en el punto de mira. En Gaza había unos 1.000 periodistas al inicio de la guerra. Asesinar a 250, como han hecho desde el 7 de octubre, supone acabar con el 25 % del corpus periodístico del territorio. ¿Por qué Israel quiere acabar con los periodistas? Porque tienen el poder de enseñarle al mundo lo que está pasando. Tienen poder. ¿Por qué quiere el régimen nicaragüense de Ortega y Murillo que no haya un solo periodista libre en Nicaragua? Para que no se les cuestione.
Si en las democracias nos denuncian y en el resto del mundo nos encarcelan, es porque seguimos teniendo capacidad de influencia para satisfacer un derecho ciudadano. ¿Cómo no vamos a ser relevantes si somos quienes vamos sobre el terreno a un terremoto en Venezuela o a un desahucio? Somos quienes estamos dando el contenido a todo el mundo. Evidentemente, somos capitales. Lo que quizá no sabemos es reivindicarnos como merecemos.

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P:¿Podemos lograr un periodismo verdaderamente independiente hoy en día?
R: Por supuesto que se puede alcanzar. Es más, se debe alcanzar. Uno puede, en ocasiones, no ser neutral, pero puede ser independiente. Por supuesto que sí.
Ahora mismo hay unas líneas rojas que se están cruzando en todos los sentidos entre la opinión y la información, al mezclar y crear el llamado infoentretenimiento. Se intenta que el espectador o el lector entienda que una cosa es otra. Muchas veces aparecen mezcladas en los formatos y se confunde al espectador.
P: ¿El espectador medio distingue bien entre información y entretenimiento? Esas líneas pueden parecer muy finas para los espectadores.
R: ¿Por qué crees que nos odian tanto? Ojo, no hay que culpar a la víctima. Nos odian porque hay políticos que están constantemente poniéndonos en el ojo del huracán. No quiero quitar responsabilidad a quien la tiene, pero también los medios de comunicación tenemos una parte que mejorar.
La opinión tiene su espacio en los medios, es sano. Pero tiene que estar circunscrita al espacio donde siempre ha estado, no contaminando la información. Ahora hay programas 24 horas al día donde se opina de todo y donde el objetivo principal es agitar el ambiente.
Creo que, en ocasiones, la gente nos detesta porque nos confunde con los tertulianos, con los opinadores políticos. Y no se acuerdan de los magníficos periodistas políticos que tenemos que persiguen al poder. Nos meten a todos en el mismo saco. Esto no justifica que ocurran episodios como lo de Ceuta, por supuesto.
P: ¿Cuál es la situación de España dentro del panorama mundial del periodismo?
R: España está ahora alrededor de la trigésima posición. Podemos situarla entre los países que aparecen en amarillo en nuestro mapa, por debajo del verde. Si nos comparamos con el resto del planeta, España es un paraíso. Ahora bien, si nos miramos a nosotros mismos, ahora mismo no somos referencia de nada.
Los medios de comunicación se han politizado gravemente y algunos periodistas se han convertido en auténticos hooligans. En cuanto a lo legal, tenemos leyes totalmente estancadas que nos beneficiarían, como la Ley Europea de Medios de Comunicación, que el Gobierno no acaba de desatascar porque no tiene las mayorías suficientes.

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Si miramos el clima mediático, tenemos un panorama muy concentrado, con poca diversidad. Y respecto al indicador económico, España ha cronificado una situación de precariedad que hace que el periodismo sea una profesión precarizada de forma crónica y, por tanto, menos libre. Así que cuidado. A escala mundial gozamos de garantías. Pero, ojo, en todos los flancos que afectan a la libertad de prensa, España vive un deterioro.
P:Hay un actor novedoso en el panorama mediático y en el periodismo: la inteligencia artificial. ¿Qué cabida tiene en esta profesión? ¿Es una amenaza o una oportunidad para trabajar mejor?
R: Siempre que se utilice éticamente, es una herramienta extraordinaria. Nos ahorra muchísimo trabajo tedioso. Pero hay que detenerse mucho en cómo los medios están dando sus contenidos a la IA. Gran parte de los contenidos que utiliza la IA generativa proceden de medios de comunicación que los están vendiendo mediante acuerdos por los que reciben una remuneración.
“La IA puede escribir un artículo, pero no puede ir al terreno“
Además, la IA no puede vivir la experiencia periodística. La IA puede coger toda la información disponible sobre cómo está Mariúpol, en Ucrania, y hacer un artículo seguramente mejor que el que harían muchos redactores. Pero lo que no puede hacer es ir al terreno. No puede ir a un desahucio, ni a Ceuta, ni a la guerra de Ucrania, ni a Gaza.
A mí que alguien me explique cómo habría cubierto la IA lo que está pasando en Gaza.
P:¿Qué prioridades tiene como presidenta de RSF?
R: Un faro en mi mandato va a ser tratar de que se tome conciencia en España de un tema muy olvidado: el periodismo en el exilio. Ahora mismo nuestro país se ha convertido en destino preferente del periodismo perseguido, especialmente en América Latina. Hasta hace no mucho, era Estados Unidos, ahora somos nosotros. Esperamos que, cuando se pueda salir de Gaza, también lleguen periodistas de allí.
Lo vivimos en RSF todos los días. La mayoría huyen de las dictaduras, como las de Cuba o Nicaragua, o del crimen organizado, como en Colombia, México, o Perú. Va a ser una prioridad de mi mandato visibilizar este tema, porque ya no son periodistas individualmente: son redacciones enteras instaladas en España en condiciones lamentables y sin que nadie las apoye, que siguen escribiendo en sus medios a deshoras, por la noche, con el corazón puesto en sus países.
Hay que protegerlos. Constituyen la memoria de sus países y son el único contrapoder de sus pueblos.

