En la zona de la comarca leonesa ribera del Órbigo, los pueblos han crecido gracias a un recurso: el agua. Los vecinos la han usado para regar sus huertas y mantener el paisaje verde, pero el equilibrio se ha roto en cuestión de meses, y no a causa de la sequía, sino de un invento que ha dejado a los campos sin agua.
Se hizo una obra pensada para aprovechar mejor cada gota. Desde entonces, más de 400 vecinos se han organizado en una asociación, presentando informes técnicos, y han acudido a los juzgados.
Mientras tanto, algunos cargan garrafas en el coche para salvar sus tomates y otros riegan a mano árboles que llevan siglos en pie. El canal afectado es la Presa de la Tierra, una red de acequias documentada desde 1524 que atraviesa varias localidades de la ribera. Desde mayo de 2025 está completamente seco.
Y aquí cabe reiterar que la causa no es climática: la modernización del regadío que impulsó la Comunidad de Regantes dejó fuera este sistema centenario, que ya no recibe agua.
Las presas han quedado vacías en Benavides, Gualtares, San Feliz, Villares, Hospital, Villarejo y Veguellina de Órbigo. Para los vecinos, las presas eran sus formas de regar los huertos urbanos situados junto a las casas, movían molinos de harina y de linaza y abastecían pequeñas instalaciones hidroeléctricas.
El Proyecto de Modernización del regadío en la Comunidad de Regantes de la Presa de la Tierra supuso un presupuesto inicial de 10,4 millones de euros y en 2022 alcanzó los 12,19 millones con financiación europea.
La obra sustituye la acequia tradicional por tuberías enterradas, una balsa de regulación y un sistema de telecontrol. El detalle clave es que el agua llega a las parcelas rústicas, pero no a las urbanas, que eran justo las que dependían de las presas. Con ella, 1.970 regantes riegan a presión unas 1.260 hectáreas desde una estación de bombeo conectada a una red de hidrantes.
Tras modernizar el regadío, la Presa de la Tierra se ha quedado seca porque el agua que antes circulaba por el canal y sus acequias se conduce mediante una balsa y una red de tuberías enterradas hasta las parcelas agrícolas. El sistema antiguo dejó de recibir caudal, y los huertos de los pueblos que dependían de él han quedado fuera del suministro.