Provocar la rendición de Inglaterra en Wembley, después de anotar un gol y ser una de los artífices del triunfo de España en la Nations League (2-3), fue la ratificación de que un genio como Lamine Yamal está ya bendecido para ser reconocido como el mejor jugador del mundo. No computará para la elección que designará al Balón de Oro 2025-26, cuya votación se cierra hoy lunes, pero resultó tan ilustrativo como sintomático.
Y es que con apenas 19 años, el canterano asume responsabilidades que normalmente recaen sobre jugadores consagrados. Su candidatura no se basa solo en números prolíficos y en los títulos sino también en su capacidad para decidir partidos, generar ocasiones y afrontar los escenarios de máxima exigencia que lo han situado en una dimensión distinta. Con el Barça y con la selección. En la pasada edición ya terminó segundo por detrás de Ousmane Dembélé, entonces en el PSG.
En esta campaña 2025-26 que se juzga, Lamine ganó de azulgrana LaLiga y la Supercopa de España y llegó a cuartos de final de la Champions y a ‘semis’ de Copa. En el campeonato liguero fue el máximo referente creativo de la competición y elegido Mejor Jugador. Pero Lamine no necesita basar su candidatura sólo en los goles, como pueden hacer Mbappé o Kane, los otros favoritos en esta carrera. Combina estadística, producción, creación, títulos, desequilibrio, rendimiento y genialidad. Catálogo de virtudes que aparecen ante rivales de máxima exigencia.
Finiquitó la temporada firmando 24 goles con el Barça, su mejor registro goleador hasta entonces, y siendo extremo, nunca como delantero centro. En Liga consiguió 16 goles, su mejor registro en el Campeonato, lo que le valió compartir el Trofeo Zarra con Ferran Torres. Además, contabilizó 11 asistencias. Ningún otro jugador de LaLiga dio más pases. Lo más relevante es que fue trascendente, marcando, asistiendo o provocando penaltis en 20 de las 26 jornadas que disputó.
En la Champions League fue también determinante con 6 goles, 4 asistencias y siendo influyente en 8 de los 10 partidos. Resultó una constante amenaza para sus rivales. En los cuartos ante el Atlético, cuando el Barça estaba obligado a una remontada histórica en el Metropolitano tras caer en casa (0-2), el canterano anotó un gol (1-2). Hasta la UEFA aplaudió su contribución. Además, se convirtió en el jugador más joven de la historia en alcanzar 10 goles y asistencias en una misma edición europea, superando el récord de precocidad de Haaland. El recuento total hace relucir unos números ‘top’: 45 partidos, 24 goles, 17 asistencias y 41 contribuciones directas de gol.
El global de rendimiento individual, títulos y efecto superlativo en los partidos importantes favorece a Lamine Yamal por encima de cualquier otro candidato. Dos títulos con el Barça, La Liga y la Supercopa de España, revalidando los conquistados en la campaña anterior, a un paso de la final de la Champions League y, sobre todo, campeón del mundo tras derrotar a la Argentina de Messi en la final, convirtiéndose en el jugador más joven en ganar Eurocopa y Mundial, ambos antes de cumplir los 20 años.
Lamine marcó su primer gol mundialista contra Arabia Saudí, fue MVP contra Austria, volvió a serlo contra Bélgica en cuartos, registrando un caudal de remates y regates. Su impacto fue tanto en el aspecto individual como colectivo, lo que representa su gran baza para llevarse el galardón que se entregará el lunes 26 de octubre de 2026 en Londres (Inglaterra), donde ya le conocen bien

