Inspirado por los dibujos animados de Hanna Barbera, con una estética popsurreal, artista urbano amante del grafiti, Kenny Scharf (Los Ángeles, 1958) se muestra ilusionado “como un niño” a sus 68 años con su exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza.
Miembro destacado del movimiento artístico del East Village de Nueva York en la década de 1980 y pionero del arte urbano contemporáneo, junto a Jean-Michel Basquiat y Keith Hering. Scharf se confiesa admirador incondicional del Jardín de las delicias del Bosco que contempla siempre que viene a Madrid.
El pintor tiene una acusada pareidolia, un fenómeno psicológico por el que el cerebro ve caras en objetos inertes como una casa con una puerta y dos ventanas. Esta percepción la canaliza en su obra como un mosaico de rostros en la última parte del recorrido denominada “un coro de voces“.

‘Poranges!’, un tondo de Kenny Scharf. © Kenny Scharf
Tondos globulares
En los años de la pandemia de 2018 a 2022, Scharf pintó los Moodz, lienzos redondos (tondos) en los que ninguna expresión de repite y en la boca de un personaje globular se esconde otro.
En la antesala de este espacio, Scharf ha dejado un regalo para el museo. El pasado viernes pintó con sprays una composición en solo 20 minutos ejecutada sobre un muro de pladur. El director del Thyssen y comisario de la muestra, Guillermo Solana, ha explicado que se quedará ahí (visible o cubierta) en función de la exposición temporal de cada momento.

Grafiti original de Kenny Scharf pintado el 25 de septiembre. FOTO: RTVE
De Los Picapiedra a Los Supersónicos
En su obra aparecen constantes referencias a la cultura popular combinadas con figuras antropomórficas fantásticas. Entre sus referencias televisivas, Los Picapiedra que trasladaban a una familia media estadounidense a la prehistoria o Los Supersónicos que la proyectaban al futuro.
Con una paleta de color deslumbrante, Solana considera que Scharf descubrió un “nuevo continente” para la pintura, el del “TV cartoon” porque “los dibujos animados de las series de televisión son un medio visual más fluido, más dinámico que el del cómic impreso, más absurdo y más loco, lleno incluso de referencias a la sensibilidad surreal”.

‘Organibotz’, 2025. © Kenny Scharf
Pese al carácter urbano de su arte, Solana ha destacado que Scharf se crió en el valle californiano de San Fernando y se siente “profundamente identificado con la naturaleza, con la defensa del medio ambiente y con la conciencia de la emergencia climática en el Antropoceno”.
El hilo conductor de la exposición es la preocupación por el medio ambiente. El recorrido se divide en cuatro secciones: Paisajes alienígenas, El árbol como chamán, Visiones cósmicas y la ya mencionada sala final Un coro de voces.
En la segunda parte, se exhibe el cuadro de la colección de Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, titulado Junglematic, que los coleccionistas compraron en una galería de París con el asesoramiento de Solana.

‘Junglematic’, 2023. © Kenny Scharf
El trabajo de Scharf en pintura, escultura, instalaciones, murales, performance y moda refleja un compromiso con la creación de formas de arte dinámicas que cuestionan y desestructuran las jerarquías artísticas establecidas, en línea con la filosofía de los creadores pop.
Romper los límites
La participación de Scharf en la Bienal Whitney de 1985 marcó el inicio de su proyección internacional, una reputación que sigue creciendo. Su obra forma parte de las colecciones de destacados museos de Estados Unidos, Brasil, Alemania, Países Bajos y Japón.
Preguntado por si el arte urbano se domestica al entrar en un museo, Sharft ha señalado que “le gusta romper los límites” y sorprender con obras de arte en lugares inesperados. En su juventud fue a prisión por pintar en la calle, pero ahora prefiere hacerlo con permiso y bromea con que ya está mayor para correr delante de la policía o pasar la noche en una celda.
El museo ha proyectado por primera vez en España Kenny Scharf: When Worlds Collide. Un documental, dirigido por Max Basch y Malia Scharf, hija del artista, que se adentra en su vida personal desde sus comienzos en el Nueva York de los años setenta, con los happenings y el arte callejero, el club CBGB’s y las discotecas, hasta su consolidación en la década de 1980.
A través de material de archivo y fragmentos de entrevistas, la película, realizada a lo largo de 11 años, recrea la atmósfera de aquella época, reflexiona sobre la popularidad y el mérito artístico y aborda el estilo único de Scharf. Blanca Thyssen ha avanzado que intentarán hacer nuevos pases en los fines de semana para que más gente pueda verla.
La exposición Kenny Scharf está abierta al público hasta el 17 de enero en el Museo Thyssen-Bornemisza.

