Las últimas tropas de Estados Unidos que quedaban en Irak se han retirado este miércoles tras doce años de lucha contra el grupo Estado Islámico (EI), en medio de las cada vez mayores amenazas contra soldados estadounidenses en la región por la guerra que Washington libra contra Irán. Este es el segundo repliegue de EE.UU. en el país árabe en lo que va de siglo, ya que el primero se produjo en 2010, después de haber invadido el territorio iraquí en 2003 para derrocar al régimen de Sadam Husein.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, ha confirmado la conclusión este miércoles de la operación Inherent Resolve (Resolución Inherente), en el marco de la cual los militares estadounidenses se movilizaron en 2014 en Irak para luchar contra el EI, que en junio de ese año declaró un “califato” en este país y en Siria, tras tomar amplias partes del norte y el centro de ambos.

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“La retirada ordenada de las fuerzas y el equipo de la coalición de la base aérea de Erbil marca la conclusión exitosa de la misión militar que derrotó al EI en Irak”, ha dicho Parnell en un comunicado. Erbil es la capital de la región autónoma del Kurdistán iraquí y allí los estadounidenses han tenido una base, porque en su día los kurdos fueron los principales aliados de EE.UU. en la lucha contra los yihadistas. Más allá del fin de esta campaña militar y la derrota del EI, portavoz del Pentágono ha indicado que el repliegue supone la transición de “una misión de coalición en tiempo de guerra a un esfuerzo de seguridad liderado por los iraquíes apoyado por una relación de seguridad bilateral más normal”.
Los kurdos asumen la responsabilidad frente al EI
“Esperamos que las fuerzas de seguridad iraquíes, incluyendo los peshmerga (fuerzas de seguridad kurdo-iraquíes) y otras fuerzas de seguridad en la región del Kurdistán iraquí, lideren el esfuerzo continuado de asegurar Irak y mantener desactivados los remanentes del EI”, ha dicho Parnell, quien ha destacado que el Pentágono seguirá proporcionando entrenamiento y apoyo de inteligencia a los socios iraquíes.
Y para que no haya confusión, el portavoz del rebautizado como Departamento de Guerra por la Administración de Donald Trump ha insistido en que a partir de ahora la responsabilidad principal de afrontar los retos de seguridad en Irak, lo que incluye acabar con los restos del EI y las milicias alineadas con Irán, recaerá sobre el Gobierno de Bagdad.
Este repliegue ejecutado por el Ejecutivo de Trump es en cumplimiento del acuerdo firmado en septiembre de 2024 entre EE.UU. e Irak, bajo el mandato del demócrata Joe Biden poniendo así fin a un despliegue estadounidense iniciado meses después de la proclamación del califato del ‘Daesh‘ (acrónimo en árabe de Estado Islámico) en 2014. En aquel entonces, EE.UU. se colocó a la cabeza de una coalición internacional para derrotar a los yihadistas, cuyo principal bastión en Irak estaba en Mosul y en Siria, en Raqa. En el caso de Irak, la derrota de los terroristas fue proclamada en diciembre de 2017 por entonces primer ministro de Irak, Haider Abadi, aunque todavía había células del grupo en el país. En el caso de Siria, no fue hasta marzo de 2019 que se liberó la última población que se decía que estaba en manos del EI en la provincia de Deir al Zur, fronteriza con Irak, lo que llevó a muchos a declarar que los yihadistas habían sido vencidos en el territorio sirio. El líder del EI, Abu Bakr al Bagdadi, fue asesinado en una operación de las fuerzas especiales de EE.UU. en la provincia siria de Idlib.
Por parte iraquí, el primer ministro actual, Alí al Zaidi, ha dado por cerrada la misión de las fuerzas de la coalición internacional contra el EI en una ceremonia en Bagdad este miércoles, que ha sido declarado festivo como Día de la Soberanía.
“Anunciamos el fin de la misión de la coalición internacional para combatir al EI, que ha demostrado que la cooperación entre fuerzas amigas y pueblos amigos ha dado como resultado una victoria sobre uno de los capítulos más oscuros del extremismo y la brutalidad de la historia”, ha afirmado el jefe del Gobierno de Irak, que ha dado por iniciada “una nueva fase”, caracterizada por la soberanía de Irak, la fortaleza de sus instituciones, la preparación de sus fuerzas armadas, la unidad en la toma de sus decisiones y las alianzas equilibradas con los países amigos.
Washington y Bagdad seguirán colaborando en seguridad
“La cooperación en materia de seguridad seguirá siendo una vía abierta con los amigos de la coalición internacional y será más eficaz y específica -ha precisado Saidi-. La cooperación implicará el uso de tecnología y técnicas digitales para servir a los objetivos que apoyan la seguridad y la estabilidad”.
Washington llegó a tener con 80.000 militares en Irak dentro de esta misión, aunque en los últimos años tenía unos 2.500, según los datos aportados por medios estadounidenses.
Esta retirada se produce en medio de la guerra entre EE.UU. e Irán, iniciada a finales de febrero pasado con una ofensiva estadounidense e israelí contra la República Islámica. Desde entonces, las tropas del país norteamericano en la región han sido blanco de ataques de Irán y de sus aliados, como las milicias chiíes en territorio iraquí.

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De acuerdo con las cifras del Pentágono, un total de 123 uniformados de EE.UU. han fallecido en Irak y 499 han resultado heridos eb acciones de combate y otras que no lo son dentro de la operación Inherent Resolve.
La retirada de este miércoles es la segunda de las tropas estadounidense de Irak, tras 2010. En aquel entonces esos soldados operaban en la misión Iraqi Freedom (Libertad iraquí), que llegó a tener 1,5 millones de militares de EE.UU. en territorio iraquí. En esa operación, 4.418 uniformados estadounidense perdieron la vida y 31.994 fueron heridos, según el sistema de análisis de víctimas de defensa del Pentágono. Sin embargo, el mayor número de muertos y heridos durante estos años se ha registrado entre la población civil iraquí. La iniciativa Iraq Body Count ha contabilizado más de 200.000 muertos civiles entre 2003 y 2026 por la violencia.

