El conservador Flávio Bolsonaro adelanta al presidente izquierdista Lula da Silva en el inicio del recuento de las elecciones generales de Brasil. Con 10% del voto escrutado, el hijo del expresidente convicto Jair Bolsonaro alcanza un 50,96% de los votos, frente a un 40,78% del mandatario.
El histórico presidente izquierdista busca su cuarto mandato no consecutivo frente al conservador Flávio, que coge el testigo de su padre. Si ninguno logra superar la barrera del 50% de los apoyos, todo se medirá en una segunda vuelta entre ambos el próximo 25 de octubre.
Por detrás de los dos principales candidatos, ninguno del resto de aspirantes supera el 3% de los votos: el psiquiatra y escritor Augusto Cury (3,00 %), el agitador ultra Renan Santos (2,41 %) y el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado (2,33 %).
La jornada electoral ha estado marcada por una importante abstención. La baja asistencia demuestra la desilusión de los ciudadanos con una clase política nacional que no ha sido capaz siquiera de afrontar un debate electoral, ya que los dos principales candidatos se ausentaron de los debates televisivos.
La población acude a las urnas con un grave endeudamiento familiar, una economía en desaceleración y con preocupación por la violencia de las bandas criminales.

Los brasileños votan en las presidenciales con la vista puesta en una previsible segunda vuelta entre Lula y Flávio Bolsonaro
Una victoria de Flávio, líder del Partido Liberal, confirmaría la deriva derechista de Latinoamérica, donde han aparecido una decena de jefes de Estado conservadores en los últimos tres años. Algunos de ellos, como el argentino Javier Milei, han acompañado en campaña al hijo del expresidente, que busca ser un nuevo aliado en la región para Donald Trump.
Dos visiones de Brasil
Las dos papeletas del Partido de los Trabajadores y del Partido Liberal representan dos visiones completamente diferentes de la política brasileña. Mientras que Lula defiende el estatismo y el aumento del gasto público para cubrir las necesidades de los ciudadanos, Flávio promete una reducción de la presencia del Estado y la privatización de empresas públicas.
El presidente asegura que en su próximo mandato establecerá un máximo de cinco días laborales, en vez de los seis actuales, y aumentará en un 15% del subsidio de Bolsa Familia. Por su parte, Flávio exige la reducción de la responsabilidad hasta los 14 años y plantea un modelo carcelario del presidente salvadoreño Nayib Bukele. Además, plantea reforzar la vigilancia militar de las fronteras, la castración química para los violadores y el endurecimiento de penas.
¿Cómo llegan los dos líderes a las urnas?
A pesar de que en su mandato entre 2003 y 2011 las políticas sociales de Lula sacaron de la pobreza a 20 millones de personas, estos cuatro años de vuelta al lulismo no han sido tan exitosos para el histórico sindicalista. A punto de cumplir 81 años, Lula llega a estas elecciones con un 47% de desaprobación ciudadana.
Además, la sombra de la corrupción ha sacudido a su Ejecutivo. Su propio hijo está siendo investigado por una causa de tráfico de influencias. En las semanas previas a los comicios, el escándalo Banco Master levantó sospechas sobre varios jueces del Supremo por su relación con un banquero encarcelado.

Lula busca defender su reducto progresista en Brasil ante un Flávio Bolsonaro que oposita a nuevo aliado de EE.UU.
En el caso de Flávio, durante la campaña se ha mostrado como heredero político de su padre, que actualmente cumple arresto domiciliario por un intento de golpe de Estado en 2022.Una de sus promesas electorales es liberar a su padre en cuanto llegue al poder.
La corrupción le ha afectado directamente. Su carrera política está marcada por investigaciones de lavado de dinero. Su último escándalo viene derivado de la película Dark Horse, un documental sobre la vida de su padre que presuntamente habría obtenido financiación irregular. Aunque la Policía Federal está investigando el caso, él asegura que fue un patrocinio privado y legal.
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