Los centros de votación de Brasil han abierto este domingo para las elecciones presidenciales, legislativas y regionales, en las que el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, busca la reelección frente a su principal rival, el senador Flávio Bolsonaro.
Están convocados a las urnas unos 158,7 millones de votantes, dos millones más que en los comicios de 2022, para elegir la fórmula presidencial, así como los 27 gobernadores, los 513 diputados, dos tercios del Senado y renovar a los representantes en las asambleas legislativas regionales.

Lula busca defender su reducto progresista en Brasil ante un Flávio Bolsonaro que oposita a nuevo aliado de EE.UU.
Según datos del Tribunal Superior Electoral (TSE), São Paulo es el mayor colegio electoral, con más de 34 millones de electores (21%), delante de Minas Gerais, con más de 16 millones de personas aptas para votar (10%). Río de Janeiro tiene casi 13 millones de electores (8%), por delante de Bahía, el cuarto mayor colegio electoral, con 11 millones de personas (7%).
Urnas electrónicas distribuidas en 92.000 centros de votación
Los electores podrán votar en medio millón de urnas electrónicas que estarán distribuidas en 92.000 centros de votación de los 5.570 municipios de todo el territorio nacional. Además casi 919.000 personas se han inscrito para participar de los comicios fuera de Brasil, un aumento del 32% en relación a 2022.
Se espera que los primeros resultados se completen en pocas horas, gracias al sistema de votación electrónico que se usa en Brasil desde hace 30 años.
En caso de que ninguno de los candidatos a la Presidencia alcance más de la mitad de los votos válidos, los dos más votados tendrán que enfrentarse en una segunda vuelta prevista para el domingo 25 de octubre.

Aos Fatos: la lucha contra la maquinaria de la desinformación en las elecciones en Brasil
El último sondeo de la firma Datafolha, divulgado la víspera, le da un 45 % a Lula y un 42% a Bolsonaro en intención de voto.
La campaña electoral brasileña se ha caracterizado por escándalos de corrupción, insultos y la divulgación de noticias falsas entre Lula y Bolsonaro, quienes además no han participado en ningún debate para comentar y contraponer públicamente sus propuestas.