Asegura sin titubear que nunca ha sentido odio por el asesinato de su hija Maya. Tres años después del ataque de Hamás del 7 de octubre, la principal preocupación de Eduardo Villalobo sigue siendo aprender a convivir con su ausencia, “con el vacío”. En busca de entender lo que sucedió entonces, el enésimo capítulo del conflicto entre palestinos e israelíes, Villalobo estaría incluso dispuesto a reunirse con quienes ordenaron o ejecutaron aquella embestida que le robó a Maya.

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“Tengo suerte de no sentir odio porque tendría que luchar psicológicamente para no tener odio. Ya lo suficiente lucho para intentar estar bien como tener otra cosa por la que luchar y quitarme del medio. Porque el odio, eso lo sabemos todos, aunque es muy humano y se puede sentir, pero hay que quitárselo del medio porque eso no lleva a ninguna parte. No, nunca lo he sentido”, desliza Villalobo, profesor de Microbiología de la Universidad de Sevilla, en una entrevista para Orilla Sur, el espacio de Radio 5 sobre el norte de África y Oriente Próximo. Maya e Iván Illarramendi fueron las víctimas españolas de los ataques de Hamás que el 7 de octubre de 2023 se cobraron 1.139 vidas en la jornada más sangrienta de los 76 años de historia de Israel.
Villalobo, que ha viajado esta semana a Israel para rendir memoria a su hija, dice hallar inspiración y fuerza en el ejemplo de Maixabel Lasa. Su marido, Juan María Jáuregui, político socialista y exgobernador civil de Gipuzkoa, fue asesinado por ETA en 2000. Años después, Maixabel decidió reunirse en prisión con algunos de los miembros de ETA responsables del asesinato de su marido. “Como persona, me gustaría comprenderlo. Qué lleva a una persona a hacer lo que hicieron. Porque fue demasiado violento. Lo que yo sé fue demasiado violento”, arguye.
También explica que, durante estos años, ha conocido a otras víctimas del terrorismo y de otras formas de violencia, de las que ha aprendido. En cualquier caso, Villalobo no imagina ese encuentro como un interrogatorio. Su primera petición sería que le hablaran. Después vendrían las preguntas, a partir de lo que escuchase. “Simplemente que me hablaran. Simplemente. Entonces, posiblemente de la conversación, de lo que ellos me dijeran, sí que podría sacar preguntas. Pero no sería una forma de ir con preguntas hechas, sino que yo quiero entender y quiero escuchar. Y evidentemente rebatir aquellos argumentos que me parezcan ilógicos”.

Exteriores confirma la muerte de la ciudadana española Maya Villalobo Sinvany en Israel
El cumpleaños antes que el aniversario
Para este profesor sevillano, octubre empieza siempre con el cumpleaños de Maya. Su hija nació el día 1 y esa fecha llega antes que el aniversario de su asesinato. “Cada octubre no recuerdo tanto el día 7, que también, pero recuerdo sobre todo el día 1, porque fue el día que nació Maya. Entonces, octubre se hace bastante cuesta arriba desde el primer día”, confiesa.
Maya, hispano-israelí, cumplía el servicio militar obligatorio en el batallón 414. Había sido destinada a la base de Nahal Oz, en el desierto del Negev y fronteriza con la Franja de Gaza. Tres años después de que se desvaneciera, la recuerda como una joven de 19 años “alegre, divertida, comprometida”. Tenía una faceta divertida y otra seria y responsable, añade.
Con el paso del tiempo, el dolor ha cambiado de forma. Eduardo describe cómo el sufrimiento inicial, más físico, ha dado paso a una sensación de vacío: “Lo que siento ahora, que ya ha pasado un poquito más de tiempo y, digamos, ese dolor que antes era más físico, más de llorar, más de sentir algo corporal, se ha transformado en algo más psíquico, en ese sentido vacío. Es precisamente yo como lo describo, vacío”. “Yo a veces siento que Maya sigue aquí, pero me doy cuenta de que no. Es un vacío tremendo”, esboza.
“El futuro no vivido es terrible”
Sostiene que los recuerdos de lo que compartieron pueden ser agradables, aunque tengan un sabor agridulce. Lo más difícil, apostilla, es pensar en las experiencias que Maya ya no podrá tener. “El futuro no vivido es terrible”, dice. “No pienso ni siquiera el futuro que yo hubiese compartido con ella, sino el futuro incluso de cosas que ella hubiese hecho independientemente de mí”.
Villalobo sigue aún hoy en contacto con algunas amigas de su hija. Le cuentan sus viajes y sus proyectos después de terminar el servicio militar. Le alegra saber que continúan con sus vidas, pero esas conversaciones también hacen visible todo lo que Maya perdió. “Contento por ellas, porque podían vivir. Eso es precisamente lo que más me duele de la ausencia de Maya. La cantidad de cosas que no hace, que no va a poder hacer. Ese viaje iniciático, pues no, no hubo posibilidad”.
“No pienso ni siquiera el futuro que yo hubiese compartido con ella, sino el futuro incluso de cosas que ella hubiese hecho independientemente de mí“
La universidad es otra de esas oportunidades interrumpidas. “Maya hubiese ido a la universidad, no ha tenido la oportunidad de ir a la universidad. Este tipo de cosas, insisto, no que tengan que ver o que yo podía haber hecho con ella, que también, sino las cosas del desarrollo normal de la vida de cualquier persona. Me duele, sí, eso me duele bastante”, admite.
Entre los recuerdos que los unen está un avión. Cuando Maya era pequeña, Eduardo viajaba a Israel para celebrar su cumpleaños; después, también era ella quien venía a España. Su hija llevaba un avión tatuado y, ahora en recuerdo de aquel viaje interrumpido, él se ha tatuado el mismo dibujo.

Tumba de Maya Villalobo en Israel Cedida
Ha realizado también algunos de los planes que habían hecho juntos o que habían quedado pendientes. Cumplirlos le produce una nueva forma de tristeza, porque llega un momento en que aquellos proyectos compartidos se agotan. “Me doy cuenta de que ya he cumplido esas cosas que íbamos a hacer juntos y entonces ya digo: ‘¿Y ahora qué? ¿Y ahora qué hago?’. Porque lo que puedo hacer, que he hecho otras cosas, ya entra dentro de mi pensamiento de qué le hubiese gustado a Maya que hubiésemos hecho. Pero no era un plan que tuviera prefijado”.
Que España no olvide a Maya
Villalobo ha impulsado un proceso en la Audiencia Nacional que, a su juicio, tiene un propósito fundamental: preservar la memoria de su hija. “Para mí era importante que la causa no se cerrara con el primer problema, que es lo que parecía que iba a pasar”.
No siente que Maya haya sido utilizada para justificar decisiones políticas o militares. Sí le molestaron algunos mensajes de condolencia que incorporaban inmediatamente un comentario político, cualquiera que fuera su orientación. “No me gustó que me dieran las condolencias por Twitter y justo después de las condolencias se pusiera un comentario político. Fuera del color que fuera. Apoyando a Israel o defendiendo a Palestina, me da igual. No me gustó”.

La placa de Maya, quemada tras el ataque, junto a la de su madre, que también llevaba consigo. Cedida
El sufrimiento de israelíes y palestinos
Al hablar de las vidas palestinas perdidas y del sufrimiento posterior al ataque, Eduardo admite que el duelo puede dificultar la mirada hacia el dolor de los demás, especialmente al principio. “Es difícil cuando uno está sufriendo ver el sufrimiento ajeno”, explica.
Después de dos años de intensos e indiscriminados bombardeos y un año de un frágil alto el fuego –nunca respetado por Israel—, Gaza es un territorio arrasado y sin esperanzas. Más de 74.000 palestinos muertos. Israel mantiene presencia y control sobre aproximadamente dos tercios de la Franja. Continúan ataques y la mayoría de los 2,1 millones de habitantes de Gaza siguen desplazados, mientras gran parte de las viviendas, hospitales, escuelas y redes de agua han sido destruidas o dañadas; la reconstrucción y la ayuda humanitaria avanzan lentamente y siguen existiendo graves problemas de alimentos, agua y atención médica. La justicia internacional investiga la campaña militar israelí como un caso de genocidio.
“Yo mejor que nadie quizás pueda comprender lo que puede estar sufriendo otra familia. Pero yo no distingo, sinceramente, no distingo una familia israelí que haya perdido también a su hijo o a su hija una familia palestina“
Villalobo se reconoce en el dolor que la violencia ha generado a ambos lados. “Yo mejor que nadie quizás pueda comprender lo que puede estar sufriendo otra familia. Pero yo no distingo, sinceramente, no distingo una familia israelí que haya perdido también a su hijo o a su hija una familia palestina. El dolor humano por la pérdida de un ser querido es igual para todo el mundo”, narra.
Rechaza también la obligación de tomar partido y expresa su deseo de paz a través de las cosas más cotidianas: trabajar, estar con la familia y compartir tiempo con los amigos. “Lo que tiene que ocurrir, aquí, allí, donde sea, es que la gente viva en paz. Yo lo que desearía es que en todo el mundo pudieran hacer las cosas que yo puedo hacer. Que todo el mundo tuviera esa suerte. De tener un trabajo, de poder compartir cosas con los familiares, con los amigos”.
A los responsables políticos les pide que piensen en las personas. Y, cuando se le pregunta si todavía cree posible la paz entre palestinos e israelíes, responde sin dudarlo: “Es que tiene que serlo. No hay otra. Tiene que serlo. En Palestina, en Israel, en todos los sitios donde hay conflictos”.
