Mikel Merino (30 años) no necesita 90 minutos para cambiar el rumbo del partido de España y lo volvió a demostrar en Split. Le bastó con jugar la segunda parte. Cuando Croacia había tomado ventaja y la noche empezaba a complicarse, Luis de la Fuente recurrió al centrocampista del Arsenal. Merino, que ya venía de sentenciar el choque ante República Checa, respondió con dos goles y convirtió una derrota probable en una victoria que clasificaba a España para los cuartos de final de la Nations League.
La escena define bien su situación actual en la selección. Merino ya no es un titular fijo, pero tampoco un simple recurso de banquillo. Es uno de los futbolistas de máxima confianza de De la Fuente, un jugador que permanece dentro del núcleo importante aunque haya perdido protagonismo en los onces. El seleccionador lo conoce desde las categorías inferiores y sigue encontrando en él unas condiciones difíciles de reunir en un mismo jugador: físico, llegada, juego aéreo, polivalencia y experiencia en grandes escenarios.
En Split volvió a demostrarlo. Entró después del descanso y primero igualó el encuentro. En el tramo final, cuando el empate parecía encaminar el partido, marcó el segundo con un zurdazo que completó la remontada.
Lo de salir desde el banquillo y terminar siendo protagonista empieza a ser casi una costumbre para Merino con España. Empezó en la Eurocopa de Alemania ante la anfitriona en Stuttgart: entró y marcó en la prórroga el gol que clasificó a España para las semifinales. En el Mundial también tuvo un papel importante aunque solo jugó el partido contra Uruguay como titular. Contra Portugal, en octavos, marcó el tanto de la victoria pocos minutos después de entrar y, frente a Bélgica, volvió a encontrar la portería para poner el 1-2.
No es la situación ideal, porque todos quieren ser titulares, pero Merino asume su rol con profesionalidad. “Con la mejor actitud posible, con un poquito de suerte y por supuesto con trabajo. La suerte es para los que no trabajan, como dice el míster, y aquí trabajamos todos”, remarcó el navarro tras sus dos goles a Croacia.
En los últimos tiempos, además, el centrocampista ha desarrollado una relación especial con el gol tanto en el Arsenal como en la selección, juegue o no cerca de la portería rival. Después de la Eurocopa encadenó seis tantos en seis partidos en el clasificatorio para el Mundial, una racha que incluyó un hat-trick ante Turquía.
De la Fuente ha encontrado en él una pieza de segunda línea, pero de primera importancia. Merino puede ser titular si el partido y el rival lo requieren, aunque su papel actual pasa sobre todo por entrar en las rotaciones y ofrecer una alternativa diferente en el centro del campo. No es un suplente al uso: es un jugador de confianza al que el seleccionador puede recurrir en distintos momentos y contextos.
Por eso sus minutos tienen un valor especial. Puede entrar después del descanso, jugar veinte minutos o esperar hasta una prórroga. Dentro del vestuario le llaman el ‘Efecto Merino’. “Es bueno, porque sirve para ayudar al equipo, porque los que entramaos impactamos en el juego. Lo importante es ser una familia y demostrarlo todos juntos”, explicaba Mikel mientras abandonaba el césped en Split.
En Split fueron 45 minutos. Dos goles después, España tenía tres puntos más y Merino volvía a confirmar que, aunque su papel haya cambiado, sigue siendo una pieza importante para De la Fuente.
