Con los costes de producción disparados por el cierre del estrecho de Ormuz, el sector hortofrutícola ha acudido esta semana a la 18ª edición del salón Fruit Attraction, la feria global de frutas y hortalizas, celebrada en Madrid del 6 al 8 de octubre. En este escaparate internacional se exhiben más de 2.500 empresas llegadas de las cuatro esquinas del mundo para conectar con los más de 120.000 visitantes profesionales procedentes de 150 países.
La fecha no es casual, ya que es ahora cuando se cierran los contratos de compra venta, justo antes de que comiencen las siembras de la campaña hortícola 2026-2027. Y el lugar tampoco es al azar, ya que España es una potencia productora y exportadora de frutas y hortalizas, con unas ventas exteriores superiores a los 12 millones de toneladas y un valor de exportación que ronda los 19.000 millones de euros.

Asistentes a la 18ª edición de Fruit Attraction 2026 en Madrid. Carlos Lujan Europa Press / Carlos Luján
Objetivo del sector: diversificar las ventas fuera de Europa
Aunque Europa es el mercado natural de la horticultura española, y a donde se exporta el 95% del total, el sector busca aumentar los mercados extracomunitarios para diversificar las ventas y alcanzar mercados premium, dispuestos a pagar el precio de la alta calidad y del sobrecoste de una logística que se complica por las distancias y el factor perecedero de las frutas y verduras.
“La exportación está muy concentrada en Europa, y hay que diversificar, pero abrir mercados fuera de Europa no es sencillo, requiere unos procesos muy largos de burocracia y de requisitos”, apunta Ignacio Antequera, director de FEPEX, la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas y Hortalizas. Además, añade Fernando Gómez, director general de PROEXPORT, “en los mercados extracomunitarios hay ya una competencia establecida que produce desde más cerca y a precios más baratos que Europa, por tener menos exigencias, y por tanto tener menores costes de producción”.
Mientras el mercado de Estados Unidos retrocede en ventas por los aranceles que Donald Trump impuso a los productos europeos, y Mercosur nos vende mucha más fruta que al revés, Antequera apunta hacia los mercados de China o Emiratos Árabes Unidos, como los ‘mirlos blancos’ del sector.

Asistentes a la 18ª edición de Fruit Attraction 2026 en Madrid Carlos Lujan Europa Press / Carlos Luján
China y Emiratos, los países invitados a la feria
El gigante asiático es el mayor consumidor mundial de frutas y hortalizas, un atractivo e insaciable comprador al que es muy complejo acceder; por ahora sólo se pueden vender allí uvas, caquis, cítricos, melocotones, ciruelas y cerezas españolas. Y no es fácil porque, según el director de FEPEX, “son procesos que sólo pueden realizarse a través del Ministerio de Agricultura para conectar con las autoridades chinas, y requieren visitas técnicas y negociaciones para homologar los requisitos fitosanitarios. Además, con el inconveniente de que esas negociaciones se hacen solo producto a producto, y no se puede abrir el mercado para varios productos a la vez -como sí ocurre en los acuerdos comerciales que suscribe la Comisión Europea con terceros países-, con lo que el proceso se dilata mucho en el tiempo”.
El otro país en el punto de mira del sector es Emiratos Árabes Unidos, en pleno golfo Pérsico, un mercado con alto poder adquisitivo al que llega poco producto español. Para Juan Jesús Lara, director general de CASI, la cooperativa agrícola de San Isidro en Almería, llegar allí con productos frescos es caro y complicado, por ello “solo exportan a Dubái dos variedades de tomate que tienen larga vida y son además variedades premium que se valoran –y se pagan– en ese mercado tan exigente”.
En Emiratos, además, se está ultimando el ‘Dubai Food District’, el mayor centro logístico alimentario del mundo diseñado para la reexportación de frutas y hortalizas y productos gourmet. Desde Emiratos se pretende abastecer a 20 países de Oriente Medio y sur de Asia, con una población de 450 millones de habitantes. Según el sector, el conflicto entre Washington y Teherán abre una oportunidad al comercio hortofrutícola europeo, ya que hasta ahora Irán era la ‘huerta de Oriente Medio’ y, con la guerra, países como Arabia Saudita dejarán de comprar producto iraní. Y para explorar esa oportunidad, afirma el responsable de PROEXPORT, “en diciembre iremos a una feria en Arabia Saudita para entrevistarnos con compradores de cadenas de supermercados y de industrias del procesado”.

Asistentes a la 18ª edición de Fruit Attraction 2026 en Madrid Carlos Lujan Europa Press / Carlos Luján
El ‘Efecto África’ desbanca al producto español
Los acuerdos comerciales preferenciales que va suscribiendo la Comisión Europea con terceros países abren la puerta del mercado comunitario a las frutas y verduras de cada vez más orígenes. Una apertura que cierra puertas a las producciones del sur de Europa, más caras de producir por las exigencias de la estricta normativa de la UE. Con África, Bruselas mantiene 19 acuerdos de asociación que cada año aumentan los envíos de frutas y verduras hacia Europa, compitiendo directamente con los productos españoles, más caros y en el mismo lineal. “Esto está desplazando mucho a nuestras exportaciones a los principales mercados de destino como el Reino Unido o Alemania”, según el responsable de FEPEX. El caso más ‘sangrante’ para el sector es el acuerdo de Marruecos, que ya ha desplazado al tomate español de los supermercados comunitarios, obligando a reducir la producción en zonas como Almería. “En la última década han disminuido un 30% las exportaciones españolas de tomate hacia la Unión Europea”, asegura Juan Jesús Lara, de la cooperativa almeriense CASI.
Por ello, piden a Bruselas que no ratifique el acuerdo de asociación euromarroquí por incluir al Sahara Occidental en el trato arancelario preferente; un acuerdo que la Comisión da por bueno, pero que la Eurocámara mantiene congelado por las dudas legales. Mientras tanto, en la feria Fruit Attraction, el sector se pregunta en una mesa redonda “¿Por qué la UE trata con tanto ‘cariño’ a Marruecos?”, y la respuesta, según el sector, no está en el campo, sino en la geopolítica que les usa como moneda de cambio.