Una señal muy débil ha conseguido atravesar una distancia muy difícil de imaginar antes de ser registrada por un radiotelescopio terrestre. No ha sido detectado por una de las grandes instalaciones de la NASA, sino por un observatorio operado con participación de radioaficionados en el noreste de Países Bajos.
El equipo tuvo que enfrentarse a una frecuencia para la que la antena ni siquiera había sido diseñada originalmente y los investigadores comprobaron que aquella pequeña marca escondida tenía un origen muy concreto.
El objeto era la Voyager 1, la histórica sonda de la NASA que continúa alejándose del sistema solar después de casi medio siglo de viaje.
Astrónomos vinculados al grupo AMSAT lograron captar su señal mediante el radiotelescopio de Dwingeloo, situado en Países Bajos, cuando la nave se encontraba a más de 25.700 millones de kilómetros de la Tierra.
Además, la Voyager 1 transmite telemetría a 8,4 GHz, una frecuencia superior a aquellas para las que fue concebido originalmente el radiotelescopio neerlandés, por lo que fue necesario instalar una nueva antena.
A esas frecuencias, la malla refleja peor la señal y complica todavía más la recepción. El equipo utilizó las predicciones orbitales de la sonda para corregir el desplazamiento Doppler provocado tanto por el movimiento de la Tierra como por el de la propia nave, una técnica que permitió distinguir en directo la señal portadora del ruido.
El grupo de radioaficionados ya había localizado anteriormente a la nave, aunque las condiciones eran muy diferentes. En 2006, cuando consiguieron detectarla, la Voyager 1 se encontraba a unos 14.700 millones de kilómetros. La gran novedad es que la sonda se ha encaminado hacia una referencia totalmente inédita para un objeto construido por el ser humano.
El próximo 13 de noviembre está previsto que alcance una distancia equivalente a un día luz de la Tierra. A partir de ese momento, cualquier señal enviada desde nuestro planeta necesitará aproximadamente un día completo para llegar hasta la nave, y otro tanto para que una eventual respuesta regrese. Ese retraso ilustra mejor que cualquier cifra la separación acumulada desde que las sondas Voyager fueron lanzadas en 1977.

