Han pasado dos décadas, pero Dmitri aún tiene grabada en su memoria una imagen: la de Anna Politkóvskaya muerta en el ascensor del céntrico edificio moscovita en el que ambos vivían, en la calle Lesnaya 8/12. Ella, periodista independiente, tenía 48 años.
“Fui yo quien la encontró. La habían asesinado. Yo venía con mis hijos de la escuela y estaba tirada en el ascensor. Había una pistola a su lado en el suelo. Es una historia muy triste. Era una persona maravillosa; teníamos buena relación con ella”, recuerda Dmitri. En el lugar del crimen se encontraron cuatro casquillos y una pistola con silenciador. El pistolero le descerrajó cuatro tiros a quemarropa. Uno de ellos, probablemente el último, el de gracia, en la cabeza, lo que inmediatamente hizo pensar que se trataba de un asesinato por encargo.
Politkóvskaya era, sin lugar a dudas, la periodista más conocida de Rusia en ese momento. Por sus críticas a Vladímir Putin y al líder checheno, Ramzán Kadírov. También por sus trabajos periodísticos de investigación con los que denunciaba los secuestros, las torturas y otras violaciones de los derechos humanos que sufrían los civiles en el convulso Cáucaso.

Politkovskaya, la periodista que no quiso callar
Su asesinato coincidió con el cumpleaños de Vladímir Putin, que entonces celebraba sus 54 años. Algunos lo vieron como una especie de regalo macabro para el presidente ruso. Él ese mismo día declaró que el asesinato de Politkóvskaya buscaba perjudicar a Rusia. “Causa al actual gobierno, tanto en Rusia como en Chechenia, un daño mucho mayor que el que causaron sus publicaciones”, declaró el jefe del Kremlin.
El autor material del asesinato, el checheno Rustám Majmúdov, fue condenado a cadena perpetua. También su tío, Lom-Ali Gaitukáev, por planificarlo. Hubo otros condenados a penas inferiores, entre ellos un ex policía que coordinó el asesinato. Lo que nunca se supo es quién dio la orden de matar a Anna Politkóvskaya.
Junto a su portal, desde el primer aniversario, hubo una placa que recordaba y denunciaba el crimen: “En esta casa vivió y fue vilmente asesinada el 7 de octubre de 2006 Anna Politkóvskaya”.

La placa junto al portal de Anna Politkóvskaya que recordaba el asesinato. ALEXANDER ZHUKOVSKY
Un viandante la destrozó a principios de este año. Le condenaron por vandalismo menor a una multa de 1000 rublos (unos 10 euros). La placa conmemorativa destruida fue reemplazada por una provisional de cartón, pero la retiraban inmediatamente. Se cree que alguna vecina.
Así estuvieron durante un tiempo: unos la ponían, alguien la quitaba. Más de 30 veces. Incluso se organizaron guardias para protegerla. Se cansaron primero los que querían mantener viva la memoria de Anna Politkóvskaya.

Placa provisional en memoria de Anna Politkóvskata. Canal de X de SOTAvision
Los que no se han rendido son sus compañeros de la redacción de Novaya Gazeta, un medio especializado en periodismo de investigación que ayudó a fundar en 1993 Mijail Gorbachov. El despacho en el que Politkóvskaya escribía sus críticos y emotivos reportajes se mantiene tal como lo dejó el día de su asesinato. Está su mesa, su ordenador, sus gafas, libros, las cartas que recibía…A su alrededor han montado una pequeña exposición relacionada con el crimen con detalles del sumario y del proceso judicial.
Serguei Sokolóv, jefe de redacción, reflexiona sobre cómo actuaría Politkóvskaya en la Rusia actual, donde se acorrala a las voces críticas, sean políticos, periodistas o ciudadanos comunes. La mayoría de los disidentes han huido del país. Los que no; se arriesgan a terminar en la cárcel. O muertos, como ella.
“Sin duda, la habrían declarado agente extranjera y se habría visto obligada a abandonar el país, si las autoridades no hubieran ideado algo aún más duro con respecto a ella”.

El despacho de Politkóvskaya convertido en museo ALEXANDER ZHUKOVSKY
Otra opción que Sokolóv tampoco descarta es que se hubiera quedado, a pesar de su rechazo frontal a la censura. “Porque Anna tenía otra prioridad fundamental en la vida, incluso mayor que el material periodístico: salvar vidas humanas. Supongo que ahora se habría dedicado con todas sus fuerzas a salvar a presos políticos, a refugiados o a enfermos que acabaron en calabozos. El componente humanitario, que ella consideraba un deber algo mayor que el deber de periodista, quizá le habría permitido encontrar algunas vías de trabajo en Rusia”.
En el vigésimo aniversario de su asesinato le han hecho un homenaje en la redacción. Allí estaban sus compañeros, los que la conocieron y los jóvenes que siguen soñando con hacer periodismo en Novaya Gazeta, a pesar de todas las dificultades. Les han declarado agentes extranjeros, al medio en sí y a un centenar de sus periodistas, incluido Dmitri Murátov. El cofundador del periódico y ganador del Nobel de la Paz en 2021 recuerda una anécdota narrada por una reportera de la BBC que refleja muy bien cómo entendía Politkóvskaya el ejercicio del periodismo. Era la segunda guerra chechena y el equipo de la BBC grabó una historia en un asilo destrozado, con gente muy mayor al límite: sin agua, sin comida, sin calefacción. Los británicos siguieron su camino, tenían otras grabaciones cerradas para ese día. Más tarde supieron que Politkóvskaya había llegado al mismo lugar después que ellos. No solo recabó los testimonios de los ancianos para sus reportajes sobre los estragos de la guerra, sino que hizo todo lo posible para conseguirles ayuda y que finalmente fueran evacuados.

Declaran culpables a cinco acusados del asesinato de la periodista Politkovskaya
Novaya Gazeta sigue trabajando, aunque les han retirado todo tipo de ayudas públicas. Sobreviven gracias a las donaciones de los lectores.
“Cuando en 2022 se introdujo la censura militar, tuvimos una reunión de la redacción y pensábamos si podríamos y si valdría la pena trabajar en tal situación. Decidimos preguntar a los lectores, y los lectores dijeron que sí, que había que hacerlo. Y ahora entendemos que es necesario, porque el campo informativo no existe, la gente no recibe información de ninguna parte” se lamenta Serguei Sokolóv.
En el evento han presentado un sello postal en memoria de Politkóvskaya, que jamás se emitiría legalmente en la Rusia actual. También la nueva placa, que, en realidad, no es nueva. Cuando la destrozaron alguien tuvo la lucidez de recoger los fragmentos. Ahora la han reconstruido como han podido.

La placa reconstruida que recuerda el crimen de Politkóvskaya ALEXANDER ZHUKOVSKY
En principio no la van a llevar al portal porque tienen la certeza de que volverían a romperla. La van a dejar en el despacho de Anna Politkóvskaya. Así, dañada, y con enormes grietas, pero perfectamente válida para mantener el recuerdo de una periodista sin miedo. Su legado sigue vivo, asegura Serguei Sokolóv. Y, según él, ese legado es la forma en que Politkóvskaya entendía la profesión, mucho más allá de escribir artículos o reportajes: “No es la palabra por la palabra. Es la palabra por la salvación de las personas”.
