En un contexto marcado por tensiones geopolíticas, conflictos armados y crisis mundiales, Nueva York acoge desde este martes el 81º periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Será el adiós del actual secretario general, António Guterres, que se despide tras cerca de diez años al frente de una institución que vive una crisis de liquidez y de credibilidad. A la espera de ver si esta vez será una mujer quien lidere la organización y con decenas de líderes advirtiendo de una crisis del multilateralismo, la ONU busca “restaurar la confianza” e iniciar una “transformación” que le devuelva su capacidad de “generar resultados”.
Guterres inaugurará el martes una Semana de Alto Nivel en la que se espera que, entre otros desafíos, se cuele en los debates el que supone la Inteligencia Artificial. Tras él, intervendrán un centenar de líderes de todo el mundo; entre ellos el brasileño Lula da Silva, seguido del estadounidense Donald Trump, que no ha cesado en subrayar la ineficacia de Naciones Unidas. Tras casi siete meses de guerra en Irán, Trump reiterará la importancia de que el país persa “no tenga un arma nuclear” ante un hemiciclo que también escuchará al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, aunque la Administración Trump haya negado el visado a parte de su equipo.
Un año más, Washington ha negado el visado al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, que intervendrá por videollamada el mismo día que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. También asistirá la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, que tiene previsto reunirse con Trump mientras que su predecesor, Nicolás Maduro, continúa retenido en una cárcel federal de Nueva York, a pocos kilómetros de la ONU, tras ser capturado en enero por fuerzas estadounidenses.
La ruptura del orden mundial
En los últimos meses, distintos líderes han advertido sobre el “desmoronamiento” del orden mundial. Fue sonado el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en el Foro de Davos, cuando en plena escalada de tensión entre su país y Washington llamó a las potencias medianas a unirse frente a los más poderosos. El jueves, ante el Parlamento Europeo, se pronunció en la misma línea y llamó a crear “un nuevo orden justo y estable”, al tiempo que advertía de que “las instituciones multilaterales en las que confiábamos se han debilitado”.
“El multilateralismo e instituciones como la ONU, basadas en la cooperación y la diplomacia, no han logrado lo que se suponía que debían. Hay que examinar y reconocer sus carencias, sus debilidades y sus fracasos”, expone a RTVE el profesor de la IE University Jafar Javan, con más de 30 años de experiencia en Naciones Unidas trabajando para el PNUD. Para afrontar la actual “falta de confianza en el multilateralismo” que demuestran muchos países es necesario, dice, “reconocer que el sistema tiene problemas y que, en muchos casos, ha fracasado”.
Ese orden internacional que ahora está en cuestión se inicia en la Primera Guerra Mundial, con la creación de la llamada Sociedad de Naciones, y se mantiene tras la segunda. “Se crea un sistema de seguridad en que los estados renuncian a una carrera de armamentos constante […] y ese orden basado en normas, aunque no fueran vinculantes, restringe la capacidad de maniobra” de los Estados, explica a este medio el investigador del CIDOB y profesor emérito de Relaciones internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona Rafael Grasa.
“Eso ha cambiado. Como mencionó Mark Carney en Davos, vivíamos en una hipocresía. Creíamos que todos respetaban el no uso de la fuerza para resolver conflictos, el respeto al derecho humanitario etc. Y resulta que no, hemos visto que eso era cinismo y que los grandes no lo respetan”, añade el analista. “Ahora contamos con una ONU que aunque todo el mundo considera importante, cada vez se ve más ineficaz; y puede haber una carrera para crear nuevos organismos”, añade. De hecho, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habló esta semana de defenderse ante un mundo “abiertamente hostil” y llamó a la creación de un Consejo Europeo de Seguridad con socios como Canadá, Noruega, Ucrania o el Reino Unido.

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El papel y la ausencia de la ONU
Según el Uppsala Conflict Data Program (UCDP), en la actualidad hay más de 61 conflictos armados activos con participación estatal. Sin embargo, en algunos de los más recientes —y mediáticos— no vemos a Naciones Unidas como mediador. Ahora lo son territorios como Catar, Egipto, Omán, Turquía o Pakistán; y los enviados especiales de los que oímos hablar son los de la Administración Trump, como Steve Witkoff o Jared Kushner.
En la actualidad, “Naciones Unidas está ausente de muchos de los conflictos activos recientes, no de los antiguos“, menciona Rafael Grasa, que recuerda que la ONU sigue teniendo delegados desplegados en lugares como Chipre, un territorio dividido y en conflicto desde hace más de medio siglo. Jafar Javan, por su parte, menciona a figuras como Jan Eliasson, quien actuó como representante personal del secretario general de la ONU Javier Pérez de Cuéllar para mediar en el conflicto entre Irán e Irak.
Menciona también al exsecretario general “Kofi Annan, que desempeñó un papel fundamental al menos a la hora de intentar evitar que estallara la guerra (entre Irán e Irak). Fue a todos los lugares a los que pudo ir; e incluso cuando la guerra había comenzado, se implicó para intentar detenerla lo antes posible. Todos los líderes del mundo confiaban en él y, aunque la guerra no se detuvo, la ONU se mostró muy activa. Hoy, por desgracia, no veo que sea así “, lamenta el extrabajador de Naciones Unidas.
“No es que la ONU haya perdido su capacidad para mantener la paz y la seguridad, es que esa capacidad nunca estuvo garantizada por su diseño”, explica a RTVE la profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III Montserrat Abad Castelos, que añade que hay que separar dos planos que a menudo se confunden. “Por un lado, las misiones de mantenimiento de la paz, con las que la ONU sigue funcionando de manera razonable con los recursos que tiene […] Por otro, el plano de la seguridad colectiva, que nunca ha funcionado bien”.

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La imposible reforma del Consejo de Seguridad
Esa seguridad colectiva “depende del Consejo de Seguridad y se diseñó supeditándose al acuerdo de sus cinco miembros permanentes”. Ahora vemos vetos fragrantes como los de Rusia con relación a Ucrania, o los de EE.UU. con Gaza, Irán o Líbano, pero “esta limitación no es nueva y ya paralizó a la ONU durante toda la Guerra Fría“, expone Abad Castelos. Lo nuevo es que la opinión pública percibe el actual como un momento crítico porque, a diferencia de entonces, cuando se abría “un horizonte de expectativas positivas”, vivimos un momento de falta de consensos, de rivalidad, de conflictos y de retroceso de la democracia y del multilateralismo.
“Esto afecta a esa capacidad de la propia organización, que es un reflejo de la falta de voluntad política de los Estados miembros”, apunta la profesora. “Cuando se adopta la Carta de las Naciones Unidas, aunque nunca fue democrático, al menos reflejaba el balance de poder que existía al término de la Segunda Guerra Mundial, ahora ni eso”, subraya. Ahora bien, el fracaso “no es de la ONU, es de los Estados miembros y, sobre todo, el de los más poderosos”.
Los expertos coinciden en que el Consejo de Seguridad supone un “obstáculo” para la resolución de conflictos, ya que cinco de sus 15 miembros son permanentes y tienen derecho a veto, lo que significa que pueden paralizar cualquier iniciativa independientemente de los apoyos que tenga. Por otro, subrayan lo “difícil” que sería someter a este órgano a una reforma que lleva décadas sobre la mesa y que plantearía eliminar uno de sus principales privilegios. Los más favorables a una eventual reforma son Francia y Reino Unido; mientras que Rusia, China y Estados Unidos, que actualmente se encuentran en una pugna por la hegemonía mundial, se oponen en rotundo a perder su derecho a veto.
En este sentido Grasa recuerda que, aunque los temas de seguridad “son competencia fundamental del Consejo de Seguridad, cuando este no se ocupa, la Asamblea puede hacerlo” y llama a trabajar en esta línea. Por ejemplo, en 1956, la Asamblea estableció la primera fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU, durante la crisis de Suez.

Los miembros del Consejo Permanente han usado su derecho de veto en beneficio propio desde la creación de la ONU
El adiós a Guterres
En septiembre, cuando preguntaron a Guterres por su legado al frente de Naciones Unidas, el secretario general aseguró que no le gusta “hablar de logros” porque “eso lo deben juzgar los demás”. Añadió que hace diez años, cuando asumió la Secretaría General, “nadie podría haber previsto” la actual situación de deterioro en “términos de paz y seguridad”.
Cuando comenzó la guerra en Irán, Jafar Savan escribió una carta abierta al secretario general en la que señaló su “falta de voluntad para actuar como pacificador”, uno de los reproches que más se han repetido estos años. “Ese tipo de lenguaje amable, suave y diplomático no ayudan, en todo caso dan munición a quienes critican a Naciones Unidas y dicen: ¿dónde está otra vez?”, argumenta el profesor. “Aunque ha sido muy claro en algunos temas, Guterres se ha convertido en una especie de Pepito Grillo que sale constantemente a advertir de que estamos cerca del punto de no retorno […] pero no le hace caso nada a nadie”, lamenta Rafael Grasa, que cree que de cara a la búsqueda de un sucesor, “el candidato que moleste menos a EE.UU. es el que tiene posibilidades”.
La carrera para sustituirle sigue abierta, aunque en los últimos días las candidatas de Costa Rica, Rebeca Grynspan, y de Guyana, Carolyn Rodrigues-Birkett, se han distanciado del resto de aspirantes. Según fuentes diplomáticas, Grynspan ha ganado las tres votaciones informales del Consejo de Seguridad (realizadas de forma confidencial), seguida de Rodrigues-Birkett. Sin embargo, para esta elección son casi igual de importante los votos a favor que los emitidos en contra, ya que en la próxima ronda los cinco miembros permanentes del Consejo podrán ejercer el derecho a veto con aquellos candidatos que no sean de su agrado.
Lo que parece es que la ONU está cerca de ser liderada, por fin, por una mujer. “Después de 81 años, sin duda ha llegado el momento”, menciona Savan, que hace una década la candidatura de la argentina Susana Malcorra. Espera también que provenga del llamado Sur Global, ya que considera que “comprendería mejor los retos y las posibles soluciones a los problemas que afectan a esa región”. Abad Castelos recuerda que del impulso y liderazgo del próximo líder dependerán nuevas iniciativas o la posibilidad de aunar esfuerzos, pero recuerda que quien tiene capacidad ejecutiva sigue siendo el Consejo de Seguridad y recalca que la voluntad de los Estados será decisiva.
“En un escenario geopolítico enormemente complejo y en plena ola de retroceso de la democracia, la ONU es por su diseño un espejo de sus Estados miembros. No es un contrapeso externo. Pese a todo, sigue siendo insustituible, ya que es la única instancia cuya legitimidad no depende de la voluntad de unos pocos, sino del reconocimiento universal de sus 193 Estados que la conforman”, concluye.

