“El padre de todos nosotros“. Así describía Pablo Picasso a Paul Cézanne. Tirando de ese hilo, la exposición del Gran Palais de París despliega la obra de 79 artistas para honrar el inmenso legado del pintor francés desde sus coetaneos hasta el arte contemporáneo.
Una muestra coproducida por el Grand Palais, el Centro Pompidou, el Museo d’Orsay y el de l’Orangerie que ofrece un diálogo constante entre la obra de Cézanne (1839-1906) y aquellos artistas que desde finales del siglo XIX a nuestros días se han tomado la libertad de reinventar la pintura.
A lo largo de las galerías 3 y 4, se presentan 174 obras (69 de Cézanne y 105 de otros 78 artistas), un legado incomparable en el que confluyen la influencia y la reinvindicación de un maestro común, desde aquellos que le siguieron en el decenio de 1880 – 1890 a los que descubrieron su obra en la tienda del padre Tanguy y encontraron en su radicalidad formal un espaldarazo para buscar el arte puro en la abstracción.

‘El jardin de Lauves’ de Paul Cézanne, c. 1906. © photo The Phillips Collection, Washington, DC
Figura legendaria
Del 23 de septiembre al 17 de enero, el recorrido palatino aborda los momentos claves de la carrera del pintor, el apoyo del marchante Ambroise Vollard, sus primeras exposiciones, el reconocimiento comercial, la retrospectiva póstuma en el Salón de Otoño de 1907 y las grandes exposiciones internacionales.
En vida, Cézanne ya era una figura legendaria para algunos jóvenes que admiraban la radicalidad de su pintura y su distancia con el mundillo artístico parisino. Genio incomprendido, dedicado a su arte, motivos como la montaña Sainte-Victoire o las manzanas fueron citados por otros pintores a lo largo del siglo XX.

‘Monte Sainte-Victoire’ (montaña roja) de Marsden Hartley, c. 1927. photo © The Vilcek Foundation
La originalidad de Cézanne brilla en su aproximación a los paisajes de Île-de-France, de la campiña de Aix-en-Provence y, en particular, su visión de la montaña Sainte-Victoire. Representa las grandes líneas de fuerza de las que emergen los volumenes y la luz por pinceladas cortas paralelas.
El pintor rechaza la imitación mimética de la realidad, lo que influenciará tanto a los cubistas como a los artistas abstractos. Cézanne también pinta numerosos retratos, sobre todo de su mujer Hortense Fiquet, a la que somete a largas sesiones de posado.
Posar como una manzana

‘El jugador de cartas’ de Paul Cézanne, 1890-1892. © photo GrandPalaisRmn (musée d’Orsay) Sylvie Chan-Liat
En su concepción artistica, los retratos se asemejan a las naturalezas muertas. A la hora de pintar a su marchante, le dijo a Vollard: “Hay que posar como una manzana. ¿Acaso una manzana se mueve”. Cézanne busca captar al sujeto mediante los volumenes, más que mostrar su personalidad o emociones.
La naturaleza muerta que representa objetos inanimados, tildada como un género menor, supone buena parte de la obra de Cézanne. Los bodegones abren un espacio de experimentación para explorar los límites de lo real a través de las formas y los colores.
En su taller, el pintor dispone las frutas, en particular, las manzanas que se convierten en uno de sus motivos característicos, que luego retomarían los artistas pop en los años 60.

‘Manzanas y galletas’ de Paul Cézanne, 1880. Cezanne Paul (1839-1906),,,,,,,, (Cezanne Paul (Cezanne Paul (1839-1906),,,,,,,, © photo GrandPalaisRmn (Musée de l’Orangerie) Franck Raux
Padre de la modernidad
Consagrado como “padre de la modernidad“, la recepción de Cézanne entre las vanguardias europeas cuestiona la relación entre la realidad y la obra y sigue su estela de que “el arte es una armonía paralela a la naturaleza”.
A partir de Cézanne, el triunfo del arte moderno y del formalismo (la reducción de la pintura a sus elementos fundamentales de composición) no dejan de reinventarse o superarse.

‘La montaña Saint-Victoire con gran pino’ de Cézanne, c. 1887. © Courtauld Institute of Art
Artistas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, continuan renovando la abstracción en Europa y Estados Unidos, con contornos nítidos, lirismo o efectos ópticos. Cada uno defiende su Cezanne cuya posición mítica es cuestionada por el postmodernismo.
La extensa retrospectiva del Grand Palais en París es la primera que cuenta esta doble historia desde 1880 a la actualidad y analiza la construcción de representaciones cambiantes, complejas y contradictorias de un artista rechazado por la academia, pero convertido en un pilar del arte moderno occidental.
Cézanne et nous (Cézanne y nosotros) articula su discurso expositivo entre el “nosotros” de los artistas con los que dialoga su obra y “nosotros” que observamos con nuestra mirada contemporánea. Cézanne nos espera en París desde este miércoles hasta el 17 de enero de 2027.

