
Un juez vinculó a proceso a Gerardo “N” y Diego Sebastián “N”, presuntos asesinos de Jonathan Meléndez Ochoa, tecladista del grupo de rock “Camilo Séptimo”, así como de su esposa embarazada, su hija de seis años, la empleada doméstica y de su perro.
Estos sujetos son señalados de homicidio calificado cometido en agravio de dos o más personas, interrupción del embarazo de una femenina con cuatro meses de gestación y por crueldad a los seres sintientes por la privación de la vida de un canino.
En audiencia, Rodrigo Pastrana, la defensa de Diego “N” señaló que si bien este sujeto arribó al departamento ubicado en el complejo Grand Viure, ubicado en la zona Esmeralda, en el municipio de Atizapán, Estado de México, dijo que no existen elementos suficientes para comprobar que el imputado asesinó al tecladista ni a los miembros de su familia.
Además, el jurista que lo representa, argumentó que Diego “N” fue torturado al momento de su detención, hecho que, alegó, lo hizo perder el conocimiento.
Añadió que las agresiones le afectaron y provocaron que “actúe como si estuviera loco”.
Aún con estos argumentos, la autoridad judicial determinó su vinculación a proceso, con medida cautelar de prisión preventiva y plazo de cuatro meses para el cierre de investigación complementaria.
Previamente, las autoridades revelaron el móvil de este crimen. Conforme a las indagatorias, los homicidas tenían información de que las víctimas poseían una importante cantidad de numerario en “criptomonedas”, por lo que tratarían de localizar en el departamento “una caja fría con cantidades millonarias de dólares en Bitcoins” y una vez obtenidos los recursos, Diego Sebastián “N” le daría a Gerardo “N” dos millones de pesos “por la ayuda”.
El multihomicidio habría sido planeado desde antes. Previamente al crimen, el 31 de agosto, y durante la mañana del día de los hechos, Diego Sebastián “N” le instruyó a Gerardo “N”, “conseguir un desarmador plano, un desarmador de cruz, electrónicos, cinchos grandes, guantes negros de tatuajes y cubrebocas” para lo cual le daría dinero después. Estos artículos y un rollo de cinta adhesiva industrial guardan correspondencia con los utilizados para maniatar a las víctimas, así como con los indicios asegurados al interior del vehículo KIA.
El arma de fuego con la que las víctimas fueron privadas de la vida presuntamente tenía un silenciador e incluso el homicida lo reconoció: “la desensamblé y aventé a una barranca”; por lo tanto, los vecinos no escucharon sonidos asociados a detonaciones de arma de fuego.
De igual forma, testigos refirieron que luego de cometido el multihomicidio, a altas horas de la noche, Diego Sebastián “N”, habría acudido a un conocido restaurante ubicado en la Avenida Mixcoac en la Ciudad de México, con la intención de comer tacos, sin embargo, al percatarse que ya no había servicio, se retiró con rumbo a la colonia Del Valle, en la Ciudad de México.

